sábado, abril 28, 2012

MALLARME, Sara E. Cameron



MALLARMÉ



Por   Sara   E.   Cameron

Córdoba, Argentina



El grupo de Parnasse Contemporaine, a la muerte de Théophile Gautier (23 octubre 1872),  aceptando la sugerencia de Glatigny, reunió algunos escritores franceses y extranjeros, para realizar un homenaje a Gautier, cuyo texto se publicó con el nombre de “La tumba de Gautier” y sumó el trabajo de ochenta y tres poetas [1].

Solicitó entre otros la colaboración de Mallarmé, quien en carta a Catulle Mendes (1 noviembre 1872), refiriéndose a esa colaboración, declara “quiero cantar… una de las cualidades gloriosas de Gautier: ‘Le don mysthérieu de voir avec les yeux’” [2].

Mallarmé destaca esta mirada sobre el “mundo” (otras veces dirá la “Tierra”) [3] porque ella es la mirada “necesaria y comprensiva del poeta” [4], “la única lúcida” [5], que permitirá formular la explicación del universo [6]. Explicación cuyo intento lo “posee”, que Mallarmé llamó “mi vicio” y a la que Foucault describe como la reabsorción integral “de todo el mundo en un solo libro” [7].

El pensamiento que vincula “libro” y “mundo” es una relación reiterada en literatura, que se encuentra también en la ciencia.

Gérard de Nerval, señala Octavio Paz en su libro Sombra de Obras [8] —en su poema “Vers Dorés” [9] —“lee la Naturaleza como si ella fuera una escritura”:



      Homme, libre penseur! te crois-tu seul pensant
      Dans ce monde où la vie éclate en toute chose?
      Des forces que tu tiens la liberté dispose,
      Mais de tous tes conseils l’univers est absent.

      Respecte dans la bête un esprit agissant:
      Chaque fleur est une âme à la Nature éclose;
      Un mystère d’amour dans le métal repose;
      «Tout est sensible!» Et tout sur ton être est puissant.

      Crains, dans le mur aveugle, un regard qui t’épie:
      A la matière même un verbe est attaché…
      Ne la fais pas servir à quelque usage impie!

      Souvent dans l’être obscur habite un Dieu caché;
      Et, comme un œil naissant couvert par ses paupières,
      Un pur esprit s’accroît sous l’écorce des pierres!



Y Baudelaire (1821) en carta a Alphonse Tousseneld (21 marzo 1856) afirma que “la Naturaleza es un verbo… Nosotros lo sabemos por nosotros mismos y por los poetas”. Y en el poema “Correspondencias”, de Las flores del mal:


      La Nature est un temple où de vivants piliers
      Laissent parfois sortir de confuses paroles;
      L'homme y passe à travers des forêts de symboles
      Qui l'observent avec des regards familiers.

      Comme de longs échos qui de loin se confondent
      Dans une ténébreuse et profonde unité,
      Vaste comme la nuit et comme la clarté,
      Les parfums, les couleurs et les sons se répondent.


     
Borges en sus Obras Completas, informa que para Bloy (1846-1917) “somos versículos o palabras o letras de un libro mágico, y ese libro interesante es la única cosa que hay en el mundo, es, mejor dicho, el mundo”. Lo que recuerda el pensamiento renacentista que cuanto “Dios ha depositado en el mundo son palabras escritas”.

También en el ámbito de la ciencia, esta relación se mantiene. Para Aldovrandi, naturalista (1522-1605), la naturaleza es discurso, relato, lenguaje del mundo. “Estaba escrita de arriba abajo, era leyenda, cosa que leer”. Francis Bacon (1561-1626) en su obra Advancement of Learning, afirma que aparte de las Escrituras, Dios había escrito un segundo libro, en el cual temperaturas, densidades, pesos, colores, formaban un abecedarium naturae o serie las letras con que se escribe el texto universal.

Y Galileo (1584-1642) habla del “Libro de la Nauraleza”, escrito en lengua matemática. También Borges cita una obra de Favaro sobre Galileo, donde se menciona “aquel grandísimo libro continuamente abierto ante nuestros ojos (quiero decir el Universo)”.

Más atrás en el tiempo, el libro Sefer Yesirah, redactado hacia el siglo VI, “revela” que el universo fue creado por Dios mediante los números (del 1 al 10) y las 22 letras del alfabeto: “Veintidós letras fundamentales: ‘Dios las dibujó, las grabó, las combinó, las pesó, las permutó, y con ellas produjo todo lo que es y todo lo que será’”.

En las citas precedentes, la relación mundo-libro identifica ambos términos: el mundo es una escritura, un libro. En Mallarmé esa relación no determina la identidad de sus términos. El libro es para él la explicación del mundo. Obra que “siempre” ha “soñado”. Y gravita de tal forma sobre él que ha dicho: “La Obra terminada, no me importa morir”. Y correlativamente: “No sería sin una presión real del corazón que entraría en la Desaparición Suprema si no hubiera terminado mi obra”.

¿Logró Mallarmé lo que deseaba? Sabe que logrará “tal vez”, realizar su obra, pero  la  concibe  de  tal magnitud que sólo podrá hacer una parte de ella, (“… lograré… tal vez no hacer esa obra en su conjunto… si no mostrar un fragmento de ella”).

Aún así limitada, fragmentaria, es la Gran Obra. El libro único que ha “soñado”. La Obra por la que está dispuesto a “sacrificar toda vanidad y toda satisfacción”.

Intento de esa obra incompleta, parcial, es “Un golpe de dados”, poema del cual ha dicho Claudel, basándose en conversaciones que tuvo con Mallarmé, que en la mente de éste, “ese trabajo era solamente el primer ensayo de un poema que había de contener la explicación del mundo”.

Valéry por su parte ha señalado su singularidad y calidad: observó la distribución en la página de los blancos y negros, la distinta intensidad de los tipos. Vio en Coupe de Dès, coexistir la palabra y el espacio. La extensión convertida así en manifestación, “hablaba, soñaba”.

Sobre el papel la palabra, en su coexistencia con el espacio, aparecía como materia de una “nueva especie”, ambos constituyendo en conjunto una constelación significante. Consideró que se hallaba frente “al hecho ideal de la creación del lenguaje”.

Correspondería aplicar aquí la aguda expresión de Steiner: “subversión de la literatura contra el lenguaje”.

Comentando este poema, Mallarmé mismo, en carta dirigida a Gide (14 mayo 1897) expresó que “en la paginación está todo el efecto. Tal palabra en gruesos caracteres, ella sola domina toda una página en blanco”—“La arquitectura da un friso, de lo alto de una página al pie de la otra”. El blanco del espacio es parte de la manifestación del sentido del poema.

En el prefacio a Un Coup de Dés, Mallarmé considera los espacios en blanco que separan los grupos de palabras entre sí: “Esa distancia —dice en el prefacio— parece medir el movimiento, acelerándolo o retardándolo, requiriéndolo incluso; conforme a la página que se toma aquí como unidad, según una visión simultánea de ella. Para Mallarmé esta alternancia de ahora acelerar o ahora retardar hace que la poesía devenga un arte de tiempo. Podría también llamársele poesía visual, usando una calificación de Octavio Paz.

Por otra parte en una breve nota sobre E. A. Poe, Mallarmé declara: “La estructura intelectual del poema tiene lugar en el espacio que aísla las estrofas y en el blanco del papel: significativo silencio que no es menos bello de componer que los versos”.

Confiere así al espacio en blanco —incorporándolo a la significatividad— la validez expresiva de las palabras.

El espacio penetra en el ámbito semántico del poema, que se determina entonces poema espacial. Y este carácter permite hablar —como lo ha hecho Valéry— de “figura” de un pensamiento colocado en el espacio, o también de un objeto “figurado”.  

Theodoro de Wysewa, a propósito de Un golpe de dados, afirma: “Cada una de sus líneas fue intentada para ser a la vez una imagen plástica, la expresión de un pensamiento, la enunciación de un sentimiento”.

Y en Variedades I, Valéry declara: “Nadie había emprendido ni soñado emprender la tarea de dar a la ‘figura’ de un texto, una significación y una acción comparable a la del texto”.

En esta singular presencia del espacio, en la que éste es también acepción, sentido, el pensamiento es a la vez expresión y figura.

Hay para los poemas espaciales otras designaciones: ideogramas líricos, tipogramas. En estos poemas a diferencia de Mallarmé, las palabras están al servicio del dibujo, en cuanto su distribución y la de las letras deben determinar —y determinan— la figura. Así aparecen en la página dibujos de objetos —como la escalera en el poema “La Torre Eiffel” de Huidobro o la cruz en su poema “La Capilla aldeana”. También la figura de procesos físicos como la lluvia (Apollinaire) o seres como la paloma en el poema “La paloma y el surtidor”, o bien objetos: la corbata en “La corbata y el reloj”.

Apollinaire ha explicado en carta a André Billy, “Los caligramas son  una idealización de la poesía del verso libre y una precisión tipográfica, en la época en que la fotografía termina brillantemente su carrera, en la aurora de los nuevos medios de reproducción que son el cinema y el fonógrafo”. Han producido poemas espaciales Huidobro (sus “poemas figuras”).                  También Zapata en México ha producido pictogramas. Igualmente Vallejo, a página 100 de sus Obras Completas, tiene un poema de este tipo.

Estos poemas están lejos del propósito de Mallarmé —soñado rechazado y vuelto a soñar—:  un libro Explicación del Universo. Sueño “tenaz”: “El mundo está hecho para rematar en un hermoso libro”, declara en la encuesta a Jules Hurot.

Y en “El libro, instrumento espiritual, ‘todo en el mundo existe para desembocar en un libro’”. En Crisis del verso: “yo me figuro por un indesarraigable —sin duda— prejuicio de escritor, que nada permanecerá sin ser proferido”.

Pero esa seguridad suya sobre la explicación del universo, no escapa a la duda: “La explicación del Universo, si es que hay una”. También en carta a Henri Cazalis expresa: “podría ser que yo no fuese sino el juguete de una ilusión, y que la máquina humana no sea suficientemente perfecta para arribar a tales resultados”.

Se comprende esta inseguridad si se tiene en cuenta con qué conceptos califica Mallarmé al hombre: “Somos la triste opacidad de nuestros espectros futuros”. “No somos más que vanas formas de la materia”.

Y en carta a Camille Mauclaire: “Pero nosotros somos todos fracasos… Medimos nuestras finitudes contra lo infinito… Ponemos nuestra corta vida y nuestra débil fuerza en la balanza con un ideal… que no puede ser alcanzado… Somos predestinados fracasos”, y en su escrito Hamlet: “pues no hay otro tema, oidlo bien: el antagonismo del sueño en el hombre, con las fatalidades de su existencia, repartidas por la desdicha”. Su designio era el de un ser tocado por la conciencia de su falibilidad.

Por otra parte, en carta a Cazalis, ha declarado: “Solo es realizable lo imposible”, expresión cuyo carácter paradójico aparece también en sus afirmaciones sobre la “Nada” que “es la verdad”. “Pensamiento aplastante”, que lo “desespera” y a la vez declarar que existe la Belleza. “He hecho un largo descenso en la Nada para poder hablar con certeza. No hay sino la belleza”.

Afirma Michaux, que un mejor conocimiento de Mallarmé es posible si se considera “a la luz de la filosofía de Hegel”.

Pero hasta dónde la filosofía de Hegel puede “iluminarlo”, permitir un mejor conocimiento de Mallarmé, si la relación con la obra de Hegel tiene límites: Mallarmé estaba “interpretando el pensamiento de Hegel ‘a su propio modo’ y ¿hasta dónde lo conocía él’”.

¿Cómo concibe Mallarmé la “Nada”? En carta a Villier de L’Isle Adam, declara: “Para guardar una noción imborrable de la ‘Nada’ he debido imponer a mi cerebro la sensación del vacío absoluto”. La Nada que en Mallarmé “es la verdad”, es la Nada como Vacío. Se trata de dos concepciones diferentes: en Hegel la Nada no significa el Vacío absoluto, es un momento del proceso de lo real, y está dotado de realidad como todos los momentos de ese proceso.

Así, con la afirmación de la Nada, y de la Belleza, excluyentes recíprocos; Mallarmé dibuja una figura difícil para la inteligencia.

¿Es difícil, es oscuro Mallarmé? Mallarmé ha rechazado ese calificativo: “yo no soy oscuro, desde el momento que se me lee para buscar allí… la manifestación de un arte que se sirve… del lenguaje y lo logra”.

“No soy oscuro”. Y al mismo tiempo ha reclamado, sí, y reiterado bajo distintas formas; misterio para la poesía: en Poesía “debe haber siempre un enigma”. Un poema debe sugerir, aludir, provocar desciframientos.

Por otra parte, Mallarmé es consciente de que la lectura de su poema “Un golpe de dados”, puede desconcertar al lector: “¿No le parece que es un acto de demencia?” pregunta a Valéry al mostrarle las pruebas de ese poema que ha suscitado en efecto distintas interpretaciones.

No hay sin embargo confusión, desmesura en su determinación de lo que circunscribe al hombre: “Belleza, Poesía y Desdicha”










  
  

  
NOTAS


Charles Baudelaire:
Correspondances


La Nature est un temple où de vivants piliers
Laissent parfois sortir de confuses paroles;
L'homme y passe à travers des forêts de symboles
Qui l'observent avec des regards familiers.

Comme de longs échos qui de loin se confondent
Dans une ténébreuse et profonde unité,
Vaste comme la nuit et comme la clarté,
Les parfums, les couleurs et les sons se répondent.



      Naturaleza es un templo donde vivos pilares
      Dejan salir a veces tal cual palabra oscura,
      Entre bosques de símbolos va el hombre a la ventura
      Que lo contemplan con miradas familiares,

      Cual ecos prolongados desde lejos fundidos      
      En una tenebrosa y profunda unidad
      Vastos como la noche y cual la claridad
      Se responden perfumes, colores y sonidos.

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