martes, febrero 25, 2014

SOBRE MALLEA: JORGE LUIS BORGES, CAMILO JOSÉ CELA, EMILIO SOSA LÓPEZ



SOBRE MALLEA: JORGE LUIS BORGES, CAMILO JOSÉ CELA, EMILIO SOSA LÓPEZ



En la República Argentina y tal vez en América, Eduardo Mallea ofrece el caso más cabal y más alto de un destino consagrado a las letras. Ha vivido y vive con plenitud, pero no suele condescender a la confidencia, y lo íntimo que toda obra requiere para ser algo más que un mero ejercicio verbal se nos muestra exaltado y como transmutado por él con delicada alquimia. De los diversos géneros que distingue la retórica de nuestro tiempo, Mallea abunda en el más arduo: la morosa novela psicológica, cuya materia son las almas. Estas siempre son lo primero. Sobre los hechos que son instrumento para que las conozcamos mejor y del sentimiento patético, y no pocas veces avasallador, del paisaje, que no es jamás una decoración, sino un medio, resaltan firmemente los caracteres. En Todo verdor perecerá priva la tragedia engendrada por la discordia de las almas dispares; en Chaves, la fábula narrada por el autor es un largo adjetivo o atributo del solitario héroe. El influjo ejercido por Mallea sobre su generación y las ulteriores no se reduce, como en el caso de otros, a una serie de hábitos sintácticos o a la repetición u obsesión de determinadas palabras. Es más bien un mandato de sentir, de entender y de expresar con claridad lo observado o soñado. Prescindir de su obra es renunciar a una de las felicidades más altas que nuestras letras pueden darnos. Para él, nuestra gratitud. (Jorge Luis Borges)


En un tiempo en el que tantas veces —y con tanta ingenua y falaz torpeza— se confunde el talento literario con su enmascarador suplente de la pedantería, resulta reconfortador y saludable el hecho de enfrentarse de nuevo con los libros de Eduardo Mallea. Su vocación intelectual sobrepasa, con mucho, los estrechos límites del folklorismo ingenuo y esterilizador con el que –con tanta frecuencia y por desgracia para todos- se lastran obras que cabría suponer dignas de mejor fin, y consigue expresar magistralmente la amplia y profunda dimensión de una cultura que sólo admite los límites nunca alcanzables de la universalidad. Brindo por el maestro Eduardo Mallea y su mantenida labor literaria, honra de todos los que escribimos en su lengua. (Camilo José Cela)

Buscar un centro espiritual desde el cual el hombre natural (argentino o sudamericano) pudiera reconocerse como mundo, como expresión de vida auténtica, revalorada por una conciencia moral del destino humano, ha constituido para Eduardo Mallea el motivo esencial de todas sus novelas. Enderezado a conquistar el plano de la trascendencia ha sido, sin embargo, la presencia acuciosa y enigmática de la tierra desnuda, de la pampa abierta como una interrogación al espíritu, aquello que ha promovido en él una voluntad de respuesta. Y justamente por haberle conferido al paisaje las cualidades de un alma, por haber descubierto la radicalidad profunda que liga al hombre a su contorno material, su obra participa hondamente de la estructura de lo mítico. Expresa el sobrecogimiento de la criatura frente a las cosas, y esta comunidad de sustancias, esta relación agónica entre lo externo y lo interno, confiere a su visión el carácter universal de la vida. Sin embargo, con ser la obra de Mallea una experiencia del abismo, su dramaticidad proviene de una conciencia del desarraigo. A lo largo de su búsqueda, Mallea ha sentido dramatizarse en él ese momento de turbación angustiosa que padece el Hijo Pródigo ante la gratuidad de su vida sin arraigo. Esta parábola parece haber sido entrañable a su naturaleza moral, pues sin duda de allí procede la necesidad —convertida ya en  método— de retornar a la patria perdida. Y es que en su espíritu se ha dado una confluencia vivificante de ese sentido radical de la tierra y las más elevadas concepciones culturales del hombre. El resultado ha sido una agudización de su angustia, ya que él ha comprobado que el punto a que conducen esas culturas intensivas y fervientes del yo es a exasperar el propio ardor, al alimentarlo con nuevos deseos. Es así como se ha intensificado en Mallea, al regir su pensamiento con los imperativos categóricos de culturas universales, esa amarga conciencia de pertenecer a un país todavía no realizado espiritualmente, sin expresión cultural propia. El predominio del sentimiento de la tierra lo ha llevado a descubrir la inautenticidad que resulta de adoptar un orden universalista, sin llegar hasta él por el camino de la radicalidad. De aquí proviene esa mentalidad mística, para exaltar únicamente una noción severa de la vida, como expresión del drama espiritual de su país. (Emilio Sosa López)

 

 

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